
En otra ocasión ya comenté en este blog que mi padre también es un gran creador de teorías sobre la vida. La mayoría de ellas surgen, o me las transmite, mientras elabora, vestido con su inseparable camiseta blanca de tirantes, su tradicional paella de los domingos en Cullera.
Un día, entre otras muchas cosas, analizamos mi extraña capacidad para 'elegir mal a los hombres' y acabar siempre desengañada del amor. Según la Filosofía Aureliana, cada uno de nosotros, al final, recibe lo que ha proyectado. Es decir, para él, todos somos, en parte, responsables de nuestra felicidad o infelidad. Darnos cuenta de esto, cambiar nuestra actitud vital, puede ser la clave para mejorar aquello que nos rodea. El problema, pienso yo, es que muchas veces (algunos somos así, no hay solución posible) buscamos lo extraño, lo difícil, lo inalcanzable y lo que nos hace sufrir, como polillas atraídas por la luz, sin ningún tipo de lógica. Y es que quizá esta filosofía no sirva para los 'insatisfechos vitales'.....